El
rápido avance de la tecnología permite que con mayor frecuencia surjan
productos novedosos con funciones atractivas que, hasta cierto punto, simplifican
actividades cotidianas.
Sin
embargo, es necesario tomar en cuenta que estos dispositivos han sido creados y
pensados en mercados del denominado primer mundo, y por triste que parezca
existen grandes diferencias entre las sociedades de este primer mundo y lo que
vivimos nosotros en el tercer mundo (países en desarrollo para que no suene tan
feo).
Con
esta aclaración, pensemos en la euforia que causó el iPhone a su salida en
Estados Unidos y la manera en que muchas personas, aun sabiendo que el novedoso
gadget estaba bloqueado para su uso en cualquier otro lugar que no ese país,
buscaron la manera de poseerlo por capricho que por la verdadera funcionalidad
del mismo. De entrada, las primeras versiones de este, cuando era desbloqueado,
sólo servía como reproductor de MP3 y cuando lograbas que por fin funcionara
como teléfono, dejabas de lado otras aplicaciones bastante interesantes.
Si
somos objetivos, en un país en desarrollo como el nuestro no es muy útil un
dispositivo que permita conectarse a Internet vía WiFi cuando los puntos de
acceso siguen siendo escasos (Marcelo, ya casi termina el año y no vemos la
conexión inalámbrica que prometiste). Otra opción es la tecnología 3G, aunque
los costos siguen siendo altos. Volviendo al iPhone, supongamos que con
cualquiera de las dos opciones anteriores logramos conectarnos a la red, también
te permite conectarte a atunes, lo cual tampoco sirve demasiado; de entrada, no
existe una versión para México y de hecho la cultura del mexicano no es
adquirir música de manera precisamente legal. Sólo hay que echar un ojo a estadísticas
que afirman que siete de cada 10 discos son piratas. Caso similar es el de
Nokia con su tienda en línea.
Los
teléfonos multifuncionales no son el único ejemplo de Gadgets fuera de lugar,
por así decirlo, pensemos en televisiones de alta definición en un país que
ofrece pocas opciones para explotar al cien por ciento las capacidades de estas.
Al final terminamos teniendo televisiones muy costosas que se ven muy bonitas y
apantallan a cualquiera, pero suelen ser una mala inversión. Estas novedosas televisiones
tienen que ir acompañadas de un reproductor Blu-ray; sin embargo los costos de
estas películas también son altos y volvemos al tema de la piratería. Si la
mayor parte de estos contenidos se adquieren de manera pirata, no necesitamos
un aparato de miles de pesos para reproducirlos.
En
fin la lista es larga y la verdad es que son pocos los que pueden costear estos
gadgets, y más pocos aún los que pueden explotar al 100% las capacidades de
estos, así que antes de comprar un nuevo y novedoso aparato pensemos qué tanto
provecho podemos sacarles y si en verdad vale la pena gastar tanto en ellos.